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La motivación en la empresa, ese gran poder

Posteado por En feb 14, 2013 En Motivación

Hoy he visto un grandioso discurso sobre la motivación en las empresas pronunciado por Dan Pink en una de las conferencias TED.
Refleja perfectamente cual es mi opinión acerca de cómo la empresa (en la mayoría de los casos) basa su estrategia de mejora de la productividad en un sistema de recompensa y castigo.
A continuación os pongo un resumen del vídeo con un toque personal, aportando mi opinión según las experiencias que me han tocado vivir. Seguro que más de uno se siente identificado (soy informático).

El problema de la vela

motivación en la empresa. Problema de la vela inicialEl problema de la vela nos traslada a un experimento realizado en 1945 por el psicólgo Karl Duncker. El estudio se basa en proporcionar a un sujeto una vela, una caja de chinchetas y unas cerillas y decirle que tiene que colocar la vela en la pared de forma que al encender la vela no se derrame ni una sola gota de cera sobre la mesa.

Tras pensar unos segundos, por la cabeza se pasan muchas ideas como intentar clavar la vela a la pared con las chinchetas o derretir la base de la vela y pegarla a la pared. Todas sin éxito.

Pero, ¿y si abordamos el problema desde otra perspectiva?

motivación en la empresa. Problema de la vela resueltoEn la primera foto, la mayoría de la gente deshecha la caja de cerillas pero es clave para resolver el dilema. Este pasa por usar las chinchetas para clavar la caja en la pared y apoyar la vela en su interior. De esta manera conseguiremos nuestro objetivo: tener una vela encendida en la pared que no derrame ni una sola gota de cera sobre la mesa.

Los científicos conocen a esto como fijación funcional y su desarrollo ha permitido alcanzar conclusiones interesantes basadas en el hecho de que nuestra forma de interpretar la realidad nos impide aplicar nuevos usos a lo que ya conocemos.

El poder de los incentivos

Basándose en este experimento, otro científico llamado Sam Gluckberg, llevó a cabo otro estudio que consistía en lo siguiente:

Cogió dos grupos de personas, al primero le dijo “os voy a cronometrar para saber la rapidez con la que podéis resolver este tipo de problema (el de la vela)”. En cambio al segundo les ofreció incentivos que consistían en que si lograban estar en el 25% de personas más rápidas en resolver el problema conseguirían 10 dólares. Si eran los más rápidos de los más rápidos en hacerlo, conseguirían 30.

Entonces, ¿cuánto tiempo tardó este último grupo en completar la tarea?
La respuesta es ¡tres minutos y medio más! ¿Cómo es posible? ¡Si la idea era buena!
El resultado es que el experimento no funcionó como se esperaba.
Tenemos un incentivo que es justo nuestro mayor enemigo. Ese incentivo que intenta agudizar el pensamiento y fomentar nuestra creatividad consigue justo lo contrario.

Modelo de negocio actual

El modelo de motivación que se ha venido utilizando durante estos últimos 40 años está basado en la recompensa y el castigo. Bueno, recompensa en el mejor de los casos. Seguro que si no sabes de lo que estoy hablando, un viernes por la tarde vendrá tu jefe diciendo que el lunes hay una subida a producción y que hay que ir a la oficina el fin de semana. Justo en ese momento te vendrán muchas cosas a la cabeza pero relájate, sabes que vas a obtener una recompensa.

Como decía, este tipo de recompensas que intentan fomentar nuestra creatividad sólo funcionan cuando las chinchetas no están dentro de su caja, es decir, sólo funcionan cuando hay reglas sencillas y un objetivo claro.

Otro psicólogo, Dan Ariely, experimentó usando tres niveles de recompensa como motivación a un grupo de sujetos. A mejor trabajo, mejor recompensa:

  • Cuando los problemas eran puramente mecánicos, el experimento funcionó tal y como se esperaba: cuanto mayor es el incentivo, mayor es la productividad.
  • Pero cuando las tareas requerían un mínimo de destreza mental, una recompensa mayor llevó a una peor productividad.

Y es justamente lo que pasa en el mundo del desarrollo. No se trata de resolver problemas mecánicamente, aprender a hacerlos una vez y repetirlos infinitas veces. Son problemas que requieren de una planificación, diseño, implementación, mejora. Problemas que requieren de ese “mínimo” de destreza mental.

Ciencia VS empresa

Como siempre, hay una divergencia entre lo que las empresas hacen y lo que la ciencia dice.

Lo peor de todo es que en este momento, en una de las peores crisis económicas de los últimos años, las empresas están basando su política de recursos humanos y de captación de personal en ideas obsoletas y sin analizar, enraizadas más en el folklore que en la ciencia.

Si queremos salir de esta situación, y de verdad queremos un alto grado de compromiso, rendimiento y productividad en la gente, no podemos seguir haciendo lo que llevamos haciendo 40 años porque como veis, ¡está equivocado!

La solución no es atraerlos con un caramelo cuando lo hacen bien y pincharles con un palo al equivocarse. Necesitamos una nueva perspectiva, y esa nueva perspectiva no es más que ¡motivación!, la mayor de las fuerzas.

La fuerza de hacer algo que nos gusta y nos resulta interesante, sentirse parte importante de un gran proyecto.

La motivación como alternativa

El siglo XX trajo la idea de la gerencia como eje central de la empresa. Esta forma de administración no surgió de la nada, fue inventada. Lo que no significa que vaya a funcionar para siempre.

Las nociones tradicionales de gerencia son excelentes si queremos conformidad. En cambio, si buscamos compromiso, la iniciativa funciona mejor.

Este es el modelo que sigue Google por ejemplo: dejan a sus empleados alrededor de un 20% de su tiempo de trabajo para desarrollar lo que quieran. La única condición es que no forme parte de su trabajo actual.

¿Cuál es el resultado? Productos como GMail, Orkut o Google News han nacido de ese 20% de autonomía y motivación.

  • La ciencia dice que esas recompensas del siglo XX, esos motivadores que creemos que son parte natural de los negocios funcionan, sí, pero sólo bajo unas determinadas circunstancias.
  • Esas recompensas condicionadas a menudo destruyen la creatividad.
  • El secreto de la productividad no está en esas recompensas y castigos, sino en hacer las cosas porque quieres hacerlas, porque te sientes parte de ellas y te interesan.

El trabajador es el mejor embajador de una empresa. Si no está feliz con lo que hace, se le presiona, no se le reconoce, es normal que su motivación sea nula. Cuando la motivación desciende, su rendimiento también.

Es deber de la empresa hacer ver a su trabajador que forma parte de ella, que sin él no hubiera podido llegar a donde está y que sin él no podrá lograr sus futuros objetivos.

Puede sonar utópico e imposible pero ya hay empresas en estados unidos que funcionan de esta manera. No tienen horarios, entran y salen a la hora que quieren, las reuniones son opcionales. Lo único que tienen que hacer es su trabajo. ¿Cuándo, dónde, cómo? no importa, depende totalmente de ellos.

El compromiso del trabajador es total y la confianza que la empresa demuestra en él también. La motivación es el mejor invento para las empresas. ¿por qué no destinar más esfuerzos en potenciarla?

Esta manera de pensar ya la conocemos y además la ciencia confirma lo que ya sabemos entonces ¿por qué no dejamos de utilizar el modelo de la recompensa y castigo y empezamos el de la motivación?

Vía – TED Conferencia Dan Pink

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